Niño con altavoz

GESTORES DE LA PALABRA. La marca personal

GESTORES DE LA PALABRA.  La "marca personal"

Lo que entendemos hoy  por "marca personal",  es algo viejo. Si no me equivoco lo inventaron los ejecutivos americanos del norte hace más de dos décadas.  Pero en realidad es un aspecto que con denominación o sin ella  todos lo llevamos  dentro.

Y es que, por aquello de haber invertido mucho de mi tiempo en el mundo empresarial, no puedo evitar dedicar unas palabras a este concepto que subyace en cada uno de nosotros y que me parece clave para nuestro oficio de escritores; diría que: "La marca, es la seña e identidad que permite distinguir algo o a alguien de todo lo demás".

La marca personal es y somos nosotros mismos; está en cada uno de los seres que habitamos este planeta; en los que nos dedicamos a transmitir sentimientos y experiencias propias o ajenas a través de la palabra —como escritores—,  o en los que sencillamente conforman el universo social aunque su método de expresión sea diferente al nuestro.  Lo queramos o no, somos  pregoneros  del mundo en todas sus facetas.

Nosotros, como  "gestores de la palabra",  los escritores jugamos un rol  indiscutible en la sociedad.  Somos  el portavoz  de  la vida, de la nuestra y de la de otros;  de aquello que no ha de quedar en el olvido; o responsables de dar testimonio acerca de sentimientos  de felicidad o desasosiego, o de lo acaecido a nuestro alrededor en forma de poema o narrativa.

La marca personal está definitivamente soportada por  el "cómo". En nuestra "voz" como escritores, en nuestro "estilo", en  las palabras y en lo que estas expresan o transmiten. Así, poco a poco se va configurando  la "marca personal" de cada uno, partiendo de nuestro ser y  enriqueciéndola cada día.

No obstante, no queramos ser lo que no somos. Tenemos que escuchar los dictados de nuestro yo más puro para dar coherencia al oficio elegido y a la manera de enfocarlo.  Cualquier traspiés  llevará consigo un riesgo: el fracaso —a través de la rendición, la pérdida de identidad, o el desaliento—. Habremos construido algo que solo se sustenta por la apariencia de los hechos, por lo que queremos que piensen de nosotros,  por el deseo de que nos tomen como referencia indiscutible, en fin…por aquello destinado a alabar nuestro ego. ¡No caigamos en ello!  Ellos… nuestro público, se dará cuenta. De ser así habremos extraviado la esencia del ser, lugar de donde procede el talento y la fortaleza de espíritu.

Exploremos, añadamos la práctica y el trabajo sobre el terreno.  Hagámoslo paso a paso, en silencio, sin premura, discretamente, convencidos del camino elegido,  y… para ellos: NUESTROS LECTORES

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 Caleti Marco
Caleti Marco

Caleti Marco, es el nombre con el yo, Mª Carmen Marco Álvarez, firmo mis obras. En mi juventud compaginaba mi afición a la lectura con la escritura; lo hacía creando pequeñas historias y poemas que desgraciadamente no conservo. ¡Qué bueno sería recobrarlos ahora que me dedico a este maravilloso oficio!

Soy Licenciada en Publicidad (ISEE), Máster en Marketing (ESIC) y diplomada en Investigación Cualitativa y de Opinión. Profesionalmente dediqué más de treinta años a la empresa privada en las áreas de  comunicación y  marketing. En 2019 fui galardonada por la Academia de la Publicidad, como "Académica de Honor".

Desde hace siete años escribo novelas,  sobre la vida y los seres que la protagonizan, materializando  así mi afición, nacida en aquellos primeros años de adolescencia.

En 2015, y tras dos largos años de investigación, publiqué mi primer trabajo: Una historia real novelada de una saga familiar.

Hasta ahora, —e incluso en mi nuevo proyecto editorial que en breve verá la luz— las protagonistas de mis novelas son mujeres; mujeres hechas a sí mismas, curtidas por  la vida, que toman decisiones, que fracasan o que triunfan, o sencillamente que se dejan llevar por los acontecimientos.

En mis libros, me gusta recoger los sentimientos a través de la observación; proyectar mis propias experiencias vitales; recoger el pulso de la vida; la relación entre los seres humanos,  y el rol que desempeñamos aunque no lo hayamos elegido. Mis personajes no son perfectos; se muestran cargados de  sensibilidad y  de contradicciones.  

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